Renuncié a mi trabajo y se lo tomaron personal. Crónica de una renuncia anunciada, si no los invito a leer el blog.
Ahora ya todos saben que me voy, igual pretenden que les avise uno por uno. Tengo noticias: no va a suceder!
Me preguntaron qué me molestaba de la gerencia. Hay otra palabra para "incompetentes"?
"Cabeza de ratón o cola de león". Por qué no me dicen en la cara que les da miedo irse de la pecera multinacional!!
"¿Quién va a tomar mi puesto?" ... "Y vos, qué hacías?"
"Una lástima que te vayas. Teníamos grandes planes para vos". Si, por qué no me mandás un mail contándome todo y lo leo cuando llego a casa.
Nadie se esperó esto porque teóricamente yo era feliz: llegaba puntual y cumplía con el trabajo.
Me pidieron quedarme un día más para dejar todo hecho. Ya está hecho. Ya no hay nada para hacer. Y todavía faltan 2 días.
Mi compañero: lunes, a las 10 se va al banco. Martes, a las 11 se va al kiosko, uno lejos. Miércoles, a las 10:30 se va a hacer un trámite.
Voy a tener que pensar en hacer otro blog, este caduca el viernes junto con la mitad de mi ser: mi ira.
miércoles, 29 de agosto de 2012
martes, 28 de agosto de 2012
Feria Americana
La retrospectiva empieza en el primer cajón del escritorio. El más cómodo, el más cercano, el más cargado de cosas inservibles.
El último cajón en cambio es la gloria. Todo lo que pensé que había tirado vuelve a aparecer como por arte de magia.
Mi metodología para las mudanzas es: sacar, elegir, descartar, ordenar, embalar.
Mi metodología para el abandono de oficina en cambio es: sacar, avisar, esperar.
Ni bien se empieza a correr el rumor de que alguien está desocupando un escritorio mi popularidad crece. La gente se divide principalmente en:
- El distraído: viene desde lejos pero pasa por al lado como si su visita fuera natural y te pregunta "¿te molesta si me llevo esto?" mientras ya agarra de a 4 los artículos de librería.
- El obsecuente: viene en busca de material corporativo. Cualquier cosa que se identifique con la empresa, que cree la ilusión de que trabaja en la empresa desde hace muchísimos años. En mi caso es perfecto para deshacerme de todos los almanaques, libros, pins, gorritas, remeras, más almanaques, manuales de cursos que nunca hiso, más pins. Es patético, verdad, pero ganamos los dos
- El descarado: viene en dos versiones, la forajida y la amigable. La primera es cuando esperan a que me levante a buscar café para saquear en silencio todo lo que le entre en los bolsillos. La segunda es quien viene con una bolsa y empieza a llenarla mientras te dice todo lo que te va a extrañar. Las dos son imperdibles.
Al final del día solo me quedan 3 clips, cajones con suciedad y recuerdos personales. Todas las tarjetas de cumpleaños que guardé cada agosto en el cajón, un adorno feo ganado en alguna rifa y un cuaderno totalmente usado que alguna vez sirvió de consultas para un procedimiento que ya no existe en un sector que desapareció hace tiempo.
La melancolía de los últimos días. Dicen que existe. Puedo desmentirlo.
El último cajón en cambio es la gloria. Todo lo que pensé que había tirado vuelve a aparecer como por arte de magia.
Mi metodología para las mudanzas es: sacar, elegir, descartar, ordenar, embalar.
Mi metodología para el abandono de oficina en cambio es: sacar, avisar, esperar.
Ni bien se empieza a correr el rumor de que alguien está desocupando un escritorio mi popularidad crece. La gente se divide principalmente en:
- El distraído: viene desde lejos pero pasa por al lado como si su visita fuera natural y te pregunta "¿te molesta si me llevo esto?" mientras ya agarra de a 4 los artículos de librería.
- El obsecuente: viene en busca de material corporativo. Cualquier cosa que se identifique con la empresa, que cree la ilusión de que trabaja en la empresa desde hace muchísimos años. En mi caso es perfecto para deshacerme de todos los almanaques, libros, pins, gorritas, remeras, más almanaques, manuales de cursos que nunca hiso, más pins. Es patético, verdad, pero ganamos los dos
- El descarado: viene en dos versiones, la forajida y la amigable. La primera es cuando esperan a que me levante a buscar café para saquear en silencio todo lo que le entre en los bolsillos. La segunda es quien viene con una bolsa y empieza a llenarla mientras te dice todo lo que te va a extrañar. Las dos son imperdibles.
Al final del día solo me quedan 3 clips, cajones con suciedad y recuerdos personales. Todas las tarjetas de cumpleaños que guardé cada agosto en el cajón, un adorno feo ganado en alguna rifa y un cuaderno totalmente usado que alguna vez sirvió de consultas para un procedimiento que ya no existe en un sector que desapareció hace tiempo.
La melancolía de los últimos días. Dicen que existe. Puedo desmentirlo.
Mi Bastille
Llegar temprano a la oficina y desayunar con el olor a limpia alfombras.
Hacer catarsis mandando todos los emails al spam.
Empezar con el movimiento del día: F8...F10...F9...FFFFFFFFF
Pero hace unos días el viento sopló distinto y por eso esta mañana me pro al lado de mi jefe a decirle "Te doy mi preaviso, me voy"
Su cabeza decía que sí con un gesto automatizado, pero sus ojos decían QUE? COMO? QUE?
Nadie se animó a preguntarme las razones por las cuales tomaba esta decisión, para todos desfavorable. Tampoco es que me acercaron una propuesta en caso de que quisiera reveer la situación, aunque sí me hablaron de todo lo que me iba a perder por los grandes planes que tenían para mi, todos invisibles, todos pospuestos, todos berretas.
Se dijeron muchas frases desafortunadas, es increíble como alguna gente no sabe actuar bajo la mínima presión.
Algunos se toman las relaciones profesionales como cosa personal, y cada paso al costado como una traición, como el puñal por la espalda, como la maldición del milenio.
Entonces hay que aguantar algún que otro sermón, algún que otro reproche y muchas y más situaciones incómodas.
Pero al final del día todo valió la pena. El principio del fin. El final de una era.
Un días más, un día menos, casi casi con los dos pies afuera.
Hacer catarsis mandando todos los emails al spam.
Empezar con el movimiento del día: F8...F10...F9...FFFFFFFFF
Pero hace unos días el viento sopló distinto y por eso esta mañana me pro al lado de mi jefe a decirle "Te doy mi preaviso, me voy"
Su cabeza decía que sí con un gesto automatizado, pero sus ojos decían QUE? COMO? QUE?
Nadie se animó a preguntarme las razones por las cuales tomaba esta decisión, para todos desfavorable. Tampoco es que me acercaron una propuesta en caso de que quisiera reveer la situación, aunque sí me hablaron de todo lo que me iba a perder por los grandes planes que tenían para mi, todos invisibles, todos pospuestos, todos berretas.
Se dijeron muchas frases desafortunadas, es increíble como alguna gente no sabe actuar bajo la mínima presión.
Algunos se toman las relaciones profesionales como cosa personal, y cada paso al costado como una traición, como el puñal por la espalda, como la maldición del milenio.
Entonces hay que aguantar algún que otro sermón, algún que otro reproche y muchas y más situaciones incómodas.
Pero al final del día todo valió la pena. El principio del fin. El final de una era.
Un días más, un día menos, casi casi con los dos pies afuera.
jueves, 17 de mayo de 2012
Busca minas vs Solitario
Hay días que empiezan queriendo terminar. Cunado hay paro de subtes, cunado el piquete te corta justo adelante, cuando los vendedores ambulantes se pelean en tu vagón del tren. ¿Qué posibilidades tengo yo de llegar a mi trabajo de buen humor? ¿Qué forma existe para que no me afecte la locura de "mi vecino el asesino" o que me dé lo mismo si mi compañero faltó una vez más. Igualmente llego, me preparo mi café, me siento y otra vez no tengo nada para hacer.
No es que mi casilla de emails esté vacía, es que nada de todo eso es trabajo, o por lo menos yo no lo considero como tal. 3 mensajes de cumpleaños, a 2 no los conozco y el 3ro no sólo no lo conozco sino que tampoco reconozco el nombre de quien lo manda. 2 mensajes de nuevas "actividades optativas": un curso de media hora de atención telefónica y otro virtual de cómo agendar reuniones en el sistema. A los 2 le pongo DENEGAR. El primero porque es ridículo, más que ridículo, absurdo e inútil. No me sirve (ya sé cómo hablar por teléfono, soy un adulto y además en media hora no entiendo qué pueden sumar ni a quién. El segundo no es más que una presentación con mucho color, mucho relleno y sin contenido. Al que quiera saber cómo agendar una reunión que me mande un mail y le mando 3 pasos. Sin curso virtual, sin pérdida de tiempo, 3 pasos de no más de un renglón cada uno.
Otro de los mensajes es una obligación disfrazada de invitación en la que hay que preparar en grupos (si, preparar + en grupos = presentación de colegio) una presentación motivacional de un tema entretenidísimo: disfrutar el ambiente laboral. ¿¿¿Cómo??? ¿Leí bien? Con la cara desencajada, lo priemro que pienso es mandar el link de este blog, invitar a todos a participar y a debatir la propuesta. Vuelvo a leer. No entiendo lo que quieren. Realmente es la primera vez desde que trabajo acá que no entiendo una consigna. Finalmente me doy cuenta que el problema no es analítico sino que está tanto más allá de lo surrealista que hasta me parece divertido. Me provoca cierta euforia, me imagino participando, encarándolo como un proyecto serio, buscando imágenes, gráficos e información. Me tienta la idea de que los evaluadores se encuentren con una presentación, al menos una sola, que sea real, que diga lo que vale, que valga la pena. Los imagino gritando eufóricos, desordenando sus escritorios, cortándose con papel, no mirar en el espejo cóncavo cuando llegan a la esquina, tomando bebidas calientes sin miedo a quemarse. Eso es motivación! Que vuelvan las tijeras para adultos... nosotros podemos manejarlas! Que vuelvan las chinches... nosotros podemos evitar que nos maten! Déjenme entrar con mi paraguas chorreando lluvia... no quiero la bolsa protectora!
En una multinacional lo que sucede en una sucursal afecta al resto de sus oficinas a nivel global. Si finalmente decido presentar mi proyecto, en poco tiempo escucharemos historias de húngaros felices y marroquíes exaltados. La magia de la maga corporación en marcha.
miércoles, 18 de abril de 2012
Ánimo de perdedor
Hoy me desperté y la radio anunciaba un día de sol con temperatura óptima. Pésima forma de arrancar el día.
Después me di cuenta que había un montón de cosas ricas para desayunar. Me deprimió.
Para completarlo, los trenes funcionaban a horario y por más que caminara despacio era imposible perderlo. ¿Algo más?
En el momento en que todo está en su lugar y supera las expectativas, debiéramos poder permitirnos no arruinar tanta perfección para encerrarnos en una jaula de cubículos que, aunque todavía no tengan tapa, nos aplastan y nos sofocan. Tendríamos que poder prepararnos un café y sentarnos en un parque con un libro a desayunar o ponernos al día con amigos que ese día se hayan despertado con la misma actitud.
Por su puesto que los faltadores compulsivos no son genios ni rebeldes, son tarados. Pero es admirable su capacidad de despreocupación. Si tan sólo existiera un punto intermedio entre estos maleducados que dejan apilar el trabajo hasta que junte pulgas y los que como yo odian cada una de sus mañanas por no poder apagar el despertador y seguir durmiendo. ¿Existe ese punto intermedio? ¿Hay forma de pedirle a los faltadores que sean más sensatos y así poder compartir los días de fiaca? Por ejemplo, "yo me tomo el martes pero vos asegurame que venís, después te tomás el viernes y te hacés una mini-vacación", pero como le explicamos a los compulsivos que si acusan door de garganta no pueden aparecer al otro día organizando un pedido masivo en Freddo!
No sé si es viable. Tampoco sé si podría adaptarme.
Breves y angustiosas reflexiones de un hermoso día de sol...
lunes, 9 de abril de 2012
Mi vecino el asesino
Parte I
Después de los 9 recitales de Roger Waters a mi cubículo llega el coletazo y lo único que pido es un ladrillo más para mi pared. Es que sería tal vez la única forma de evitar esos ojos desorbitados y esa voz que no calla. Contra el mundo, contra sus amigos, contra los desconocidos, contra sus compañeros, contra el sistema, contra el desorden... no hay quien pueda salvarse de sus maldiciones!Teniendo ya tan sistematizado mi ritual matutino (transporte público, ascensor, buenos días, cocina, café, buenos días, computadora, auriculares y que nadie más me hable) no me es fácil incorporar nuevos factores, sobre todo cuando éstos no son bienvenidos
La mudanza al cubículo de al lado de una persona desequilibrada por su puesto no ayuda.
¿Qué es una persona desequilibrada?
Déjenme explicar mejor la situación, no quiero que esto parezca exagerado porque rompería la regla básica de este blog (¿?).
Es una persona que no vive ni deja vivir. Que escucha y ve todo (sí, me está mirando en este preciso instante), que además participa en todo y cuando uno quiere evitar que participe inmediatamente pregunta "qué les pasa? Les molestó algo que hice? dije algo malo? no te gusta que hablemos de eso? " Como todo ser desequilibrado, su voz es fuerte, muy fuerte, pero como todo ser desequilibrado siente que todo el resto de la oficina hace mucho ruido: "el teléfono te sonó cunado no estabas así que corté porque molestaba", "Tipeás muy fuerte, nos querés enloquecer a todos?", "UUFFFFF, que es eso? ese ruidito que parece un PIP, lo escuchan? lo escuchan? lo escuchan? alguien lo escucha?"
Ser una persona desequilibrada implica también tratar muy mal a la gente, o tratarla muy bien, pero jamás ser constante en este comportamiento. Es probable que te invite a almorzar pero lo más seguro es que te monte un escándalo por proponer comer pasta. Y ese escándalo después derive en que le cuente a la gente la "pelea", y (y aquí por fin llegamos) comiencen los llantos.
Sí, las personas desequilibradas lloran mucho en la oficina. Su cubículo se transforma en una especie de santuario donde todos los pecados se salvan llorando. Y cuando la gente no te presta atención porque no quiere involucrare en esto o porque ya sabe que es un mecanismo sin fin, entonces hay que llorar más fuerte, con ruido, con angustia, con pesar y sobre todo repartiendo culpas a la gente.
Quizás en un rapto de desolación alguien intentara acercarse para consolar. NO! La nueva víctima entró en la telaraña. Te va a hablar fuerte, a meterse en tus conversaciones, a increparte porque no le contás que pasó o con quién saliste, a invitarte a comer e indefectiblemente a pelearse.
Y sus vecinos? Bueno, nosotros, los cubículos cercanos, escuchamos todo intentando hacer que no existe. Es simplemente agotador, pero es mejor que entrar al círculo de los gritos, los almuerzos y las peleas. Subimos el volumen de nuestros IPods y pensamos en que en otra oficina más allá de 9 de julio hay otro desequilibrado haciéndole la vida imposible a un simple mono en otra empresa multinacional en la que despedir gente es un pecado, aunque el psicotécnico diga lo contrario.
El juego de la silla (creo que esta vez quedé parado)
Con enorme satisfacción les dejo este post enviado por uno de nuestros monos seguidores que, a pesar de ser uno más del fondo del pozo, todavía tiene entusiasmo!
Una vez más me encuentro con mi jefe en el aeropuerto, esperando el vuelo para la Convención Anual de Nuevas Ideas. Casi no escucho la llamada para embarcar de tanto ruido que él hacía al masticar un par de barras de cereal manoteadas del lounge de la aerolínea. Subo al avión, temeroso de que por una de esas casualidades mi asiento esté al lado del suyo. Pero no, gracias a las fuerzas del universo me toca sentarme al lado de un extraño, y así logro tener un vuelo totalmente normal.Aterrizamos en Londres a las 7 am. Tomamos un taxi al Hyatt. Somos dos, un hombre vestido con ropa casual y un mamarracho en joguineta con su pasaporte todavía colgado del cuello. Como era de esperar, las habitaciones aun no estaban listas, por lo que fuimos al bar del hotel a tomar un café. Esto último fue simplemente una forma de decir, ya que bastante distancia hay entre un inocente cortado y el huevo frito con puré de ajo que se tragó frente a mi cara de asco a la velocidad de la luz. Ahí fue donde nos encontramos con nuestros pares franceses, que quedaron impactados por la presentación que escucharon de mí “She works in my team, in the sales department”. ¿She? Probablemente hayan pensado que de noche era un travesti, o sino al menos una señora muy fea con voz gruesa, porque durante los siguientes días pude notar cómo me observaban asombrados cada vez que los cruzaba.
Los días se sucedían uno a uno tal como había sido planeado, y tal como había sido en los 5 años anteriores que asistí a esa reunión. Las mismas filminas desgastadas, las mismas palabras y frases que yo ya recitaba de memoria. Los mismos aplausos de compromiso y las risas forzadas como sacadas de una sitcom. Pero esta vez algo cambió. Alguien se tomó muy en serio eso de generar nuevas ideas, y de un papelito sacado de la urna de las “ideas extremadamente alocadas” se leyó “podríamos mudar las oficinas de telemarketing de todo el mundo a la India y así ahorrar el 75% de lo que hoy pagamos en sueldos”. En ese momento hubo todo tipo de reacciones. Algunos pensaron que eso significaba que serían trasladados a la India, otros se quedaron bloqueados tratando de recordar en qué continente está ubicada esa “ciudad”, y unos pocos sintieron terror de perder sus trabajos. El resultado fue un murmullo general que terminó abruptamente cuando el presidente de la empresa anunció que le parecía una idea estupenda y que ya mismo contratarían a un grupo de asesores externos para que la desarrollaran en su máximo potencial. Quién sabe, tal vez también podrían trasladarse otras áreas de la empresa, lo cual significaría un enorme progreso en el área de eficiencias. Debíamos estar orgullosos, éramos un equipo magnífico (lrecordemos: joguineta comiendo pan con huevo frito) a la hora de generar ideas que le representan ahorros millonarios a la empresa.
Esa noche salimos a cenar con un grupo de personas, todas muy conmocionadas por los acontecimientos recientes. No sé si mi jefe tomó un poco de más o si son los años de compañía, pero de golpe empezó a decir cosas que jamás creí que iba a escuchar de su boca (ni de la boca de nadie, para ser sincero). Es un momento que mezcla la satisfacción de que haya más testigos presenciando la escena con un poco de vergüenza ajena (y propia también porque, si eso es mi jefe, entonces qué seré yo?). Se encargó de decirles a todos los presentes en un inglés horrendo que él me había defraudado. Sí, él me había pasado a ese sector algunos años atrás y ahora resultaba evidente que yo sería el primero a quien iban a echar. Y él, que no es una persona fría y desconsiderada como los ingleses presentes en la mesa, estaba muy afectado y dolido por toda la situación. Se hizo un silencio largo e incómodo. Todos estaban tratando de adaptar esas palabras a otro significado que seguramente no pudo expresar por su falta de vocabulario. Al fin alguien rompió el silencio, iniciando una conversación acerca de lo raros que debían ser los indios, ya que una vez había escuchado que tienen prohibido comer carne de vaca. Volvieron las risas de sitcom y la cena continuó su curso normal, pero ese momento glorioso quedó grabado para siempre en mi memoria.Al día siguiente volvimos al aeropuerto para regresar a nuestro país. “¿Qué llevás en los bolsillos? Se te va a romper el pantalón” le dije. “Barritas de cereal. Quién sabe, tal vez sean las últimas barritas gratis que coma en mi vida”.
Gracias nuevamente a nuestro colaborador... buen trabajo! Pasá por RRHH a buscar tu estrella plateada.
viernes, 20 de enero de 2012
Frases célebres de gente que no lo es (ni un poquito)
Sin intentar ver más allá de la realidad o sacar profundas conclusiones de hechos cotidianos, los propios protagonistas son quienes mejor exponen sus propias miserias.
Por eso recopilé mentalmente algunos momentos "exclusivos" de quienes día a día aumentan el tamaño de mi úlcera y generan el ser despreciable en el que me convierto entre las 9 y las 6.
Qué queda para nosotros, los monos y gallinas de esta enorme organización, cuando escuchamos el jefe preguntar "Qué saco: habitación don 2 camas dobles o con King?", mientras su colega lucha al grito de "No enciende mi computadora" mientras prende y apaga furiosamente el botón del monitor.
Dónde termina la razón y empieza la locura si vemos a los nuevos empleados en zapatillas y jeans por asumieron que tenemos casual Friday, sin siquiera preguntarse por qué eran los únicos. Al mismo tiempo uno pregunta a lo lejos dónde está su caja de carilinas... "que, no hay?...en mi trabajo anterior las daban gratis!" Volvé a Kimberly Clark!Es tanta la información que procesamos todos los días que por suerte está el que cada dos por tres dice "Entendés?". Y yo quiero responderle: si vos lo entendiste, quedate tranquilo que yo también. Y estamos hablando siempre de profesionales. Los líderes de las multinacionales. Los que preguntan si el Eurostar es un tren anfibio o entienden que un avión de bajo costo es un avión sin ventanas y se asombran por imaginarse el frío que debe hacer.
Los profesionales que te indican lo maravilloso del mundo corporativo con el ejemplo de lo bien que se come en la primera clase del avión. Los mismos que se identifican con el CEO de la empresa solo por tener puesta la misma camiseta. Yo entonces soy familiar de Charlie Sheen porque miro Two and a Half Men.
Qué nivel! O, como prefieren decir algunos, Qué level! Que orgullo seguir acumulando años de experiencia junto a los cerebros del mundo!
El que se corta las uñas en el escritorio, el que se saca los mocos y los pega bajo el escritorio, la que se viste todos los días igual, el que come con las manos y después se las pasa por el pelo, dejando que le queden colgajos de lechuga, la que hasta las 10 de la mañana no prende la compu, el que es licenciado pero no sabe qué es una regla de 3 simple (y no la entiende), la que se maquilla, se maquilla, se maquilla, el que habla por teléfono con la novia todas las horas; "Qué comiste? Vamos al super? Te gusta el color verde?" Y, como en todas las oficinas, las que lloran... capítulo aparte ¿no?
Hay algo que está verdaderamente mal conmigo... por eso estoy acá. El día que lo solucione salgo corriendo.
martes, 17 de enero de 2012
Más vale nunca que auténtico recurrente
Con la llegada de la segunda quincena de enero y los calores matutinos aplastantes, es fácil asumir que el viaje hacia el trabajo va a ser, por lo menos, desolador. Los transportes públicos reflejan de inmediato el éxodo vacacional.
¡Error! El primero del día.
El viaje fue largo e incómodo y los pasajeros una herramienta de tortura.
Una vez más, al entrar pasé por el pasillo de la desolación hasta mi escritorio. 7 somos los integrantes del equipo. 7 somos los que a la misma hora nos comprometemos a comenzar el día. Sólo yo, después de encender las luces, estaba con todo listo para arrancar. Esta imagen es la misma día tras día. Solo yo. Pasan unos 40 minutos hasta dejar de ser solo yo y de a poco transformarme en nosotros. Nosotros los monos.
¡Error! El primero del día.
El viaje fue largo e incómodo y los pasajeros una herramienta de tortura.
Me animé a pensar por un momento que prefería estar en mi hábitat contenido, mi pequeño cubículo protector, mi incoherente pasatiempos... mi trabajo.
Una vez más, al entrar pasé por el pasillo de la desolación hasta mi escritorio. 7 somos los integrantes del equipo. 7 somos los que a la misma hora nos comprometemos a comenzar el día. Sólo yo, después de encender las luces, estaba con todo listo para arrancar. Esta imagen es la misma día tras día. Solo yo. Pasan unos 40 minutos hasta dejar de ser solo yo y de a poco transformarme en nosotros. Nosotros los monos.Esta realidad sólo varía viernes de por medio, cunado un miembro del equipo deja grabado su mensaje de ausente en mi contestador. Si, justo los viernes. Pero, quién soy yo para juzgar al que deja fluir las ganas del resto? ¿Me da más bronca la fea actitud irresponsable o la envidia de lo que no soy capaz?
¿Vale la pena una pequeña revolución personal, con lo traumático que eso puede ser, dentro de una organización de compartimentos estancos? ¿Qué me daría a cambio, satisfacción por la hazaña o culpa?
Por su puesto que el hecho de que yo no pueda dibujarme una barba y una boina por un día en mi vida significa más que nada, que conozco mi contexto. Creo también que es una cuestión de elecciones ya que tranquilamente podría hacer la vida de mis 6 colegas: llegar a cualquier hora, faltar semana de por medio, improvisar más reuniones familiares que un griego, más turnos médicos que un psicólogo y más "hoy falto porque sí" que un estudiante.
Pero mi secreto está acá, en este post tirado de los pelos. Fueron 15 minutos de inoperancia total dedicados pura y exclusivamente a la queja del par... mi talón de Aquiles!
domingo, 11 de septiembre de 2011
Oh, say can you see...
Estimados pasajeros, en aproximadamente 30 minutos estaremos aterrizando en el aeropuerto de la ciudad de Atlanta. La hora local es 8:22 de la mañana y la temperatura actualmente es de 38 grados centígrados. El cielo está despejado y se espera un aterrizaje tranquilo. Pasaremos a retirar los auriculares en este momento.
La gallina llega a la madre patria. A la raíz de su expresión. Al origen y escuela del “compartimento estanco”. Pero ahí estaba, haciendo la fila de Migraciones para darse el gusto de recibir un trato indigno antes de poder pisar el suelo tan preciado.
El viaje corporativo puede tener muchos motivos, en este caso es participar de una reunión de 3 días que tranquilamente se podría haber hecho por teléfono. Contrariamente a muchísimos comentarios, viajar por trabajo no está bueno. No sólo la vida de uno está regida por la agenda grupal sino que además hay que ver en vivo y en directo el porqué de todos los males.
“Vestimenta informal”, me dijeron. Jamás pensé encontrar a una señora de jogging y chomba con manchas que llevaban ya meses atrapadas en esa tela. Zapatillas que no eran ni de deporte ni de vestir, simplemente eran viejas. Señora: ¡Eso que usted tiene ni se considera vestimenta!”.
En el momento del recreo quise aprovechar a mandar unos mensajes así que pedí una computadora prestada. Amablemente, me indicaron que usara la del cubículo 165HG. A esa altura todavía no me daba cuenta que la falta de limpieza era una constante y mientras tecleaba mi meñique derecho se llenó de chocolate cuando presionó el ENTER. Con algo de ironía le dije a la persona que tan amablemente me estaba facilitando este espacio “Si no te molesta limpio esto un poquito”, mientras con un papel raspaba tan fuerte esta tecla que en mi monitor se vieron unos 2mil millones de renglones en blanco. “Es chocolate – dice – está ahí hace días”. Por si la situación no se entiende bien: llevaba ya 5 horas de presentaciones inútiles que ni siquiera tenían algo de atractivo visual, lo único que llamaba la atención era una señora vestida de indigente que no paraba de tomar gaseosa (8AM!) de un vaso gigantesco y en el único recreo que tengo me encuentro limpiándole el teclado al del 165HG que es la suciedad misma y lleva días sin apretar ENTER o esquivando el asquito.Terminada la reunión todos estábamos invitados a la cena grupal. Invitado es una forma de decir porque la única forma de no ir es con la muerte misma. ¿Y si les digo que tengo una enfermedad tremenda? ¡Colitis! Me desmayo en el lobby del edificio. ¿Qué se hace para desmayarse? ¿Hay opción? NO.
Nuevamente tuve que enfrentar el frenesí de los fanáticos de lo gratis. La comida pagada por otros causa sensación. Hay otros que son el extremo opuesto. Escuché a uno decirle a otro que mejor no pidiera postre porque su plato ya había sido muy caro. INDIGNACION. Ni uno ni otro, son todos unos imbéciles que no saben comportarse, no tienen modales, no pueden ubicarse y encima están acá conmigo. ¿Soy así? ¿Soy parte de los desagradables? ¿Qué fue lo que convenció a mi entrevistador de ofrecerme este trabajo? ¡Otra vez los fantasmas!
Reflexiono en mi viaje de vuelta. Me duermo y sueño que el avión, que es la oficina, está pasando por turbulencia. No hay riesgo alguno, sólo es turbulencia, todos siguen trabajando con sus asientos derechos y sus laptops sobre las mesitas de comida rebatibles. Yo tiro de la mascarilla de aire y respiro con normalidad.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Ediciones de bolsillo
Si hay que elegir un momento en el que sirven los manuales de procedimiento, yo diría que es para arrancar los lunes. Si no fuera porque todo está absolutamente digitado creo que no sabría por dónde empezar. De esta forma podría anticipar mi lunes el domingo, si quisiera, cosa que no quiero. De cualquier forma, creo que podría anticipar hoy mi próximo lunes, o el próximo o el primer lunes de noviembre. Lo único que va a cambiar es la cantidad de merchandising en mi escritorio.
Mientras espero a que encienda la computadora corro a buscar un café, antes que la masa humana llegue a apropiarse del diminuto espacio común. Mi primer email es un aviso de cumpleaños de alguien que, claro está. No conozco. El segundo es un pedido de información sobre un tema que definitivamente no me incumbe. Respondo de inmediato: “Estimado, asumo que este mensaje es para otro destinatario, por favor reenviar”. Tercer email, Spam, igual que el cuarto y el quinto. El sexto es para solicitar incluir las direcciones anteriores en el listado de Spam. Acepto. Séptimo y último, email personal. Lo leo y elimino de inmediato, estoy utilizando los recursos de la compañía.El día pasa desapercibido, como se sabía iba a pasar. El procedimiento lo decía y no hubo cambios ni revisiones en los últimos 40 mil años!
Ya pasó el medio día, ahora hay que hacer uso de los beneficios para empleados y participar de la actividad grupal que se está llevando a cabo en la sala de reuniones: encuentro de reflexión y relajación. Como no entiendo muy bien qué es, me asomo por uno de los costados de la puerta y veo mucha gente sentada en el piso y descalza. Me doy cuenta que es una payasada absoluta, doy media vuelta y desaparezco. ¿Me habrán visto? Sí, me vieron, definitivamente, pero puedo acusar más tarde que es un lunes “fuera de lo común” y no pude participar por la reunión telefónica con el contacto global del departamento en cuestión. Por su puesto, quien sea que me pregunte no va a tener idea de qué hablo pero nadie va a animarse a preguntar. Cierra por todos lados.
Empiezo a revisar con furia si por casualidad no se traspapeló una página en el manual de procedimientos que indique qué hacer cuando se está al borde de estallar. Pero al no encontrar nada simplemente no estallo, me quedo releyendo un poco. Veo que en caso de una emergencia médica tengo que dar aviso de inmediato a mi jefe. Debería tenerlo en cuenta, voy a tener que hacer una copia de esto y pegarla a mi credencial de obra social, así pueden llamarlo si termino alguna vez en el hospital. También releo algunas líneas con recomendaciones insólitas para casos ridículos ¿Quién escribió todo esto? ¿Cómo se le habrá ocurrido? ¿No aplicó para esta persona la política en contra de la utilización de "sustancias"? Creo que yo podría escribir un manual de procedimientos, lo llamaría Piloto Automático y
tendría en la portada esta foto:
miércoles, 31 de agosto de 2011
Sin entrenamiento no hay ganadores
Otra vez empieza todo cuando apago el despertador. En una fría mañana de invierno me encuentro en la calle con muchas otras caras agotadas que no entienden por qué están haciendo agonizar el principio de su día.
Sin darnos cuenta los años pasan y cada vez son menos las caras conocidas al llegar a la oficina. No solo por los que se fueron a padecer otros males sino por la gran cantidad de gente nueva que recorre los ascensores y pasillos.
No entiendo cuál es la ecuación y como crea sus variables temporales, peor el resultado es básicamente que hace un par de años los nuevos empleados tardaban unos 6 meses en comenzar a generar sus frustraciones; Hoy en cambio la expectativa no es tan alentadora. En el último mes, 3 de las personas que renunciaron tenían menos de 2 meses en la compañía.
Por su puesto no ayuda en nada el pequeñísimo espacio común donde está ubicada la máquina de café. Éste no soporta más de 6 personas pero a las 8 de la mañana no le queda otra que estirarse, aunque sólo sea una ilusión óptica, para poder acomodar a las decenas de empleados que no se resignan a empezar su día.
Pero cuando ya no tengo excusas, enciendo la computadora. Por su puesto mi agenda titila: SESION DE ENTRENAMIENTO. No importa si el contenido es sobre las perspectivas económicas de la industria o si vamos a revisar el calendario de cumpleaños, solamente anticipo que la mañana va a ser inútil y que voy a hacer cientos de notas mentales: Tal no sabe ni lo que dice. Este armó un .ptp en inglés peor no sabe pronunciar ni el nombre de la empresa. El otro se hace el disimulado como si nadie viera que está haciendo bolitas de mocos. La rubia no para de hacerse la interesada pero ya todos saben que está chateando en la blackberry. ¡A quién le puede interesar esta bosta! ¿Y ese? ¡No lo creo, tiene una pregunta! ¿Me está jodiendo? YA NOS DIMOS CUENTA: QUERES FIGURAR!!
Ni economía ni cumpleaños, hoy "aprendimos" a atender el teléfono. Aplicando las técnicas del Whatever Institute vamos a comunicarnos mucho mejor con personas de cualquier grupo étnico y social, siempre y cuando sea un norteamericano con plata, obvio!
Tres horas y unos mil-millón de cafés más tarde volví a mi escritorio a reflexionar sobre los argumentos que me convencían de seguir participando de ésta y tantas otras pavadas. Juro que intenté concentrarme pero uno de los supervisores del área estaba al teléfono, a los gritos, en pésimo inglés: GUAT? Si, IES. Todo lo demás no pude entenderlo. No supe si cambió de idioma o si el volumen altísimo de su voz me dejó sin oído, pero todo quedó claro al fin.
No importa cuántos cursos tenga que tomar ni cuánto entrenamiento tenga que soportar, la verdad es que nadie sabe por qué está ahí pero, seguramente, no es por lo interesante del trabajo ni por la conveniencia de los beneficios. Lo que nos ata es simplemente el morbo de lo absurdo. El poder ir todas las mañanas a una aventura distinta: ver a un gerente comiéndose las migas de una bolsa de galletitas que sacó de la basura, ver a tu compañero de pasillo meterse el dedo en la nariz hasta que le sangra, al otro con el alicate dándole a la uña del pie, encontrar en una reunión a la infeliz que propone que resolvamos nuestros problemas armando muñecos de plastilina (seguramente ella daría el curso de entrenamiento). En fin, al gran rejunte humano que día a día me da todo. No hay entrenamiento como el que te da la vida misma, la experiencia diaria. Y lo que yo vivo es la caricaturización de los peores personajes imaginable... mis monogallinezcos!
jueves, 16 de junio de 2011
Si solo me importara (aunque sea un poco)
Cuando una empresa multinacional y globalizada no publica grandes números en interminables planillas es que algo anda mal.
Para evitar ese vacío, no hay nada mejor que inventarse auto-evaluaciones para sacarse buenas notas y, así, poder seguir publicando números gigantes!
Pero para darle un formato serio, se emplea y capacita a un grupo domesticable de gente que, tentados con la idea de recorrer el mundo, viajan de sede en sede evaluando las acciones locales. Al principio estas personas sienten que toman ventaja de una compañía que derrocha su dinero en viajes por el mundo y sueldos innecesarios. Pronto se encuentran 100% capturados por sus políticas y formatos y defienden como extraños la importancia de éste derroche.
A la larga, todos nos convencemos de la importancia de ésta gente y de los resultados que pueden ofrecernos. Y damos todo porque nos marquen con una carita feliz nuestra hoja de evaluación.
Y cuando todo termina y estos evaluadores parten hacia otros mares, los jefes se muestran sus hojas con caritas felices queriendo encontrar en la suya algo mejor, algún indicio de preferencia. Y al final el discurso de que "gracias al esfuerzo y trabajo de equipo, todos somos triunfadores".
Y se organiza el festejo, por su puesto. Salimos a derrochar dólares pesificados y a auto-premiarnos por nuestro buen desempeño.
Y quizás, si me importara aunque sea un poquito, podría disfrutar del derroche.
En cambio lo que veo es a un grupo de gente que se premia para convencerse de su competencia. Y pienso que cuando vuelva a casa voy a hacer un premio para mí: Auditoría exitosa 2011, mejor compra de supermercado on-line.
Gracias! Gracias! Gracias a todos por venir!!!
Para evitar ese vacío, no hay nada mejor que inventarse auto-evaluaciones para sacarse buenas notas y, así, poder seguir publicando números gigantes!
Pero para darle un formato serio, se emplea y capacita a un grupo domesticable de gente que, tentados con la idea de recorrer el mundo, viajan de sede en sede evaluando las acciones locales. Al principio estas personas sienten que toman ventaja de una compañía que derrocha su dinero en viajes por el mundo y sueldos innecesarios. Pronto se encuentran 100% capturados por sus políticas y formatos y defienden como extraños la importancia de éste derroche.
A la larga, todos nos convencemos de la importancia de ésta gente y de los resultados que pueden ofrecernos. Y damos todo porque nos marquen con una carita feliz nuestra hoja de evaluación.
Y cuando todo termina y estos evaluadores parten hacia otros mares, los jefes se muestran sus hojas con caritas felices queriendo encontrar en la suya algo mejor, algún indicio de preferencia. Y al final el discurso de que "gracias al esfuerzo y trabajo de equipo, todos somos triunfadores".
Y se organiza el festejo, por su puesto. Salimos a derrochar dólares pesificados y a auto-premiarnos por nuestro buen desempeño.
Y quizás, si me importara aunque sea un poquito, podría disfrutar del derroche.
En cambio lo que veo es a un grupo de gente que se premia para convencerse de su competencia. Y pienso que cuando vuelva a casa voy a hacer un premio para mí: Auditoría exitosa 2011, mejor compra de supermercado on-line.
Gracias! Gracias! Gracias a todos por venir!!!
sábado, 5 de marzo de 2011
Wilson... Wilsooonnnn!!!
Que extraños se comportan algunos al volver de sus vacaciones. Realmente no entiendo en que momento creen extrañar a los colegas que día tras día ignoran.
Pero sin más, despliegan en sus escritorios dulces regalos que trajeron de la playa, la montaña o simplemente de la esquina de su casa.
Si tengo que hacer una rápida observación analizando el nivel gerencial de la empresa y sus lugares de vacaciones me doy cuenta de inmediato que jamás pasaré de mono/gallina.
Cuanto más alto el nivel y la antigüedad, peor su destino.
Quizás yo específicamente tenga mucho afán de viajar, pero lo que acá se ve es simplemente ridículo.
Sueldos extraordinarios malgastados en un departamento en Mar de Ajó (con el respecto a sus habitantes, dista de ser Mónaco).
O aquel que, con 47 años y 3 hijos, sigue usando el departamentito de la suegra en Mar del Plata, a cuatrocientoascincuentamil cuadras del mar.
No me interesa meterme en el bolsillo de nadie y mucho menos saber en qué gastan su sueldo, seguramente no en viajes, pero cuanto podrían ofrecerse a ellos mismos si salieran de su cápsula Cocoon.
Y por supuesto siempre vuelven ¡RENOVADOS! Déjenme decirles algo: NO SE LES NOTA. Una caja de mini alfajores no hace la diferencia. Preguntar 15 veces si pasó "algo interesante" tampoco. Y mucho menos contar las desventuras de los picnic en la playa con bolsas transparentes llenas de huevos duros y mandarinas.
Sin más, vuelven a su rutina: cortarse las uñas de los pies en público, abrumar al personal con chistes carentes de gracia, asimilar nuevos procedimientos que por supuesto son iguales a los anteriores pero con el valor agregado del color AZUL en la presentación, y seguir así día tras día sin tener que preocuparse por sus próximas vacaciones porque claramente serán en Mar de Ajó.
Mi cubículo por suerte es mi isla. Me alimento de lo que el hábitat me da y tengo este blog, mi Wilson, para no perderme. ¡Gracias Tom Hanks por enseñarme tanto! Ojalá mi Wilson no me abandone!!!
Pero sin más, despliegan en sus escritorios dulces regalos que trajeron de la playa, la montaña o simplemente de la esquina de su casa.
Si tengo que hacer una rápida observación analizando el nivel gerencial de la empresa y sus lugares de vacaciones me doy cuenta de inmediato que jamás pasaré de mono/gallina.
Cuanto más alto el nivel y la antigüedad, peor su destino.Quizás yo específicamente tenga mucho afán de viajar, pero lo que acá se ve es simplemente ridículo.
Sueldos extraordinarios malgastados en un departamento en Mar de Ajó (con el respecto a sus habitantes, dista de ser Mónaco).
O aquel que, con 47 años y 3 hijos, sigue usando el departamentito de la suegra en Mar del Plata, a cuatrocientoascincuentamil cuadras del mar.
No me interesa meterme en el bolsillo de nadie y mucho menos saber en qué gastan su sueldo, seguramente no en viajes, pero cuanto podrían ofrecerse a ellos mismos si salieran de su cápsula Cocoon.
Y por supuesto siempre vuelven ¡RENOVADOS! Déjenme decirles algo: NO SE LES NOTA. Una caja de mini alfajores no hace la diferencia. Preguntar 15 veces si pasó "algo interesante" tampoco. Y mucho menos contar las desventuras de los picnic en la playa con bolsas transparentes llenas de huevos duros y mandarinas.Sin más, vuelven a su rutina: cortarse las uñas de los pies en público, abrumar al personal con chistes carentes de gracia, asimilar nuevos procedimientos que por supuesto son iguales a los anteriores pero con el valor agregado del color AZUL en la presentación, y seguir así día tras día sin tener que preocuparse por sus próximas vacaciones porque claramente serán en Mar de Ajó.
Mi cubículo por suerte es mi isla. Me alimento de lo que el hábitat me da y tengo este blog, mi Wilson, para no perderme. ¡Gracias Tom Hanks por enseñarme tanto! Ojalá mi Wilson no me abandone!!!
viernes, 14 de enero de 2011
Cuando la esponja dice basta
Por suerte los días no son todos iguales, salvo esos pequeños detalles que crean la rutina: tren, puerta giratoria, café, lectura de e-mails, borrado masivo de e-mails, más café. Pero inevitablemente llega un momento en el que quiero salir corriendo. No siempre lo genera el mismo disparador.
A veces ni siquiera hay uno
más que la hora o el aburrimiento. A veces es una reunión de antemano
insostenible o una euforia generalizada por algún motivo cruel como un
premio a los logros por haber aprendido a encender el monitor o llegar 4
de cada 5 días en horario. Pero a veces el disparador es furioso y hace sonar todas las campanas de esa esponja adormecida que es mi cerebro: la felicidad. Parece cruel pero no es así. Admiro a la gente feliz, soy muchas veces parte de este grupo, aspiro a encontrar momentos cada vez mas y mas felices pero aclaremos: la felicidad esta ahí afuera, del otro lado de la puerta giratoria, acá es mentirosa y falsa. Y por eso no comparto la felicidad de otros empleados. Son ellos los que no nos dejan avanzar. Con sus frases felices y sus caras felices y los post-it felices pegados por todo su escritorio nos limitan ese ya de por si pequeño camino de exigencia.
Estas grandes corporaciones (y espero que solo sean estas empresas y que
esto no sea un mal que afecta al mundo real) invierte tiempo, dinero y
recursos (¿?) en evaluar anualmente la satisfacción de sus empleados. Y
una vez recolectada la información aparecen los gráficos de torta que
recorrerán el mundo siempre que den positivos Y dan positivos. A veces
por magia de quien los analiza pero la mayoría de las veces esta infamia
se debe a esos infelices felices. Los que creen que trabajar acá es
cambiar el mundo (o por lo menos el mundo civilizado). O que asumen una
postura corporativa al pasar por la puerta giratoria solo para
autoconvencerse de que "esto no es un call center". Los que miran
incrédulos cuando te mostrás cansado y falto de ánimos porque ellos te
admiran por llevar años trabajando en esta magnifica corporación. Los que no admiten que somos tratados no como profesionales adultos sino como chicos en un jardín de infantes donde solo falta encerrarnos en una sala a jugar con masas... MOMENTO... eso lo hicimos en la última reunión !!!!!! A ustedes, les doy un consejo: hoy no se me acerquen porque llegue a mi límite!!!!
sábado, 8 de enero de 2011
H de R
Como siempre, más allá del protocolo a seguir por la agencia de personal hay otras formas para que nuevos integrantes se sumen al primer y más bajo escalafón de esta corporación: que un conocido lo recomiende.
Después de que todos los candidatos pasen los filtros comunes llega el momento de la entrevista con el gerente, supervisor o peón del sector que organizó la búsqueda. Por lo general la parte más ingrata es para el entrevistado, mientras el entrevistador hace agua tratando de retener el nombre de la persona que tiene enfrente. Varias entrevistas más tarde se proclama el ganador.
Pero una vez más y en algún irreconocible momento de la cadena de pasos hubo una pequeña fractura que eliminó a los más preparados y a aquellos con ganas y con compromiso y dejó como nuevo integrante del equipo a aquel desconcentrado, con mirada perdida y de muy, muy, pero muy pocas palabras.Uno tras otro se comete el mismo error. Cada tanto y para salvar todos estos traspiés se encuentran en la obligación de contratar a un profesional experimentado, lúcido y coherente que pueda hacer el trabajo de los otros 5 monigotes que se tropiezan con sus propios pies cuando caminan. Éste va a tener una carga laboral mayor y una carga emocional que inevitablemente va a terminar con un ataque de ira, medicación o, si se juegan las cartas correctas, a las piñas.
Y cada vez son más los monigotes, y cada vez son más los reportes de seguridad por empleados que se tropezaron con sus cordones o se cortaron con la botella de agua de plástico.
¿Qué preferimos: Recursos o Humanos? Evidentemente no es nada fácil tener los dos pero a su vez no parecería ser tan complejo. Realmente no me pareció ver en otras oficinas tanto conjunto de Humanos sin Recursos. ¿Será el objetivo para todos los empleados? Quizás cansados ya de llamarnos por número de empleados quieren simplemente crear un sustantivo colectivo que nos identifique como los desconcentrados, descoordinados y desmotivados empleados que somos. ¿Qué tal MonoGallina? Lo voy a proponer, quizás me mandan una carta de agradecimiento por mis contribuciones… y un PIN, con lo que me gustan.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Con cara de Empleado del Año
Último día laboral del año y no me daban muchas ganas de seguir con los aspectos protocolares correspondientes: saludar al jefe, desearle felicidades. Saludar a los compañeros, desearles felicidades. Cruzarse en el baño con un desconocido que, por su credencia, adivino que trabaja conmigo, desearle felicidades.
Más bien mi ansiedad de salir de la oficina se transmitía al mundo como si mi cabeza fuera transparente y mi cerebro transmitiera con subtítulos.
Pero quedan siempre detalles y actividades de último momento.
En mi caso, cumplo aniversario de empleada de la empresa. Y es obligación regida por el procedimiento que comprende las reglas de ceremonial y protocolo internas que el empleador le entregue un reconocimiento al empleado.
Originalmente la idea de este presente era un reconocimiento personal, que el empleado sintiera por un breve momento de su vida corporativa que son sus aptitudes las que lo hacen permanecer y pertenecer, o pertenecer a los que permanecen. De cualquier modo, el regalo ahora es un PIN.
A esta altura ya debería saberlo pero, qué esperan que haga con el PIN? ¿Lo llevo a mi casa para que se rían de mí sin escrúpulos ni defensores? ¿Lo guardo en un cajón de mi escritorio? ¿Lo muestro orgullosa en el cuello de la camisa, arruinando así la ropa que me compré siguiendo las recomendaciones de vestimenta en ámbito profesional?
No es poca cosa elegir donde dejar el PIN. Ese PIN representa mi actualidad, y también mi pasado y mi futuro inmediato. ¿El pin me representa? No creo tener la insipidez de ese PIN.
Y con un poco de vergüenza agenda tengo que admitir que hubo quienes presenciaron el momento de la entrega de PIN con miradas de admiración, reconocimiento y también de deseo. Esas personas se parecían al PIN mucho más que yo. ¡Esas son las personas PIN, no yo!
¿Cuántos PINS llegaré a recolectar? ¿Voy a tener que comprar una tela donde pincharlos? Me aterroriza la idea de contar esta misma historia en unos años como "El día que recibí mi primer PIN", mostrándolos todos con orgullo, alineados cronológicamente en una tela color marrón colgada en uno de los cuadrados bloques de mi cubículo.
Por ahora estoy muy feliz por no sentirme PIN. Por haberlo recibido con humor y haberlo dejado encerrado y solo en el segundo cajón de mi escritorio. A oscuras y a escondidas.
FELIZ AÑO NUEVO... Espero el 2011 con ansias!!!!!
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Ni mono ni gallina: potus
¿Qué es llegar? ¿Adonde? Y lo más importante: ¿Cómo?
Para algunos es muy fácil. Toman decisiones que nadie les pidió tomar, van a reuniones a los que no fueron invitados, se deslizan entre los que llegaron como si fuese su hábitat natural. Y como dicta la sana costumbre de las corporaciones, nadie los confronta. Si alguien se asume y nadie lo niega no hace falta más para la legitimización implícita de su actitud.
Este mismo sistema perverso es el que deja a los potus como yo del otro lado de la zanja. En un lugar donde todo se basa en los procedimientos es cuestión solamente de encontrar la grieta: lo que no está escrito no existe.
Siguiendo el protocolo jerárquico pedí un cambio de posición. Hoy, después de meses de insistencia finalmente me ofrecieron un cambio: volver al puesto que dejé hace 2 años. Anonadada, abandoné por unos segundos el protocolo mientras vomitaba rezones y excusas para salir de esa situación y me retiré a mi cubículo, a replantearme mi vida de potus de oficina.¿Puedo de un día para otro hacer tal cambio de actitud como para pasar al otro grupo, a ese que se auto-invita a ser algo? ¿Podría hacer un trabajo fino sobre mi personalidad, cambiar el rumbo de mis ideas, desvergonzarme ante los demás para ser tenida en cuenta para todas esas cosas que no me interesan? ¿Qué oculto sentido tiene ese otro lado? Si es lo que se ve definitivamente no me interesa. Pasaría yo también a subirme a esos ponys imaginarios que andan por los pasillos corporativos. ¿Sabría comportarme entre aquellos que calientan la silla hasta las 8pm solo para enviar emails a sus jefes que muestren que a esa hora estaban todavía ahí? ¿Qué hay entre mi lado y el suyo, que es lo intermedio?
En el medio no hay nada.
Soy potus o 4 de copas vestido de rey de espadas pero con zapatos de 4, ojos de 4, cerebro de 4 y actitud de Mil.
En este mismo momento, veo a un potus que quiere pasarse del otro lado y trae golosinas para todo su grupo. Tiene actitud de Mil pero todavía tienen raíces de potus y las golosinas son solo una distracción pasajera. Pero démosle tiempo... va bien!
¿Alguien más quiere pasarse? Lugares hay infinitos. Por favor acordarse de hacer mucho .ppt y hablar con siglas y no dejar de lado los objetivos comunes: creernos ser lo que no somos y compramos el humo que el de más arriba quiera vendernos. ¡Voy a llevarlos al planeta Felicidonia!
viernes, 26 de noviembre de 2010
Este mes tenemos...
Noviembre nos trae varias cosas interesantes: calor, que aunque no me gusta pone una sonrisa en algunas eternas caras pálidas y desabridas; color, oscurece más tarde, el día se alarga y trae más y mejores actividades; y las previas o los "avances" de fin de año.
Las invitaciones ya no deberían decir el código de vestimenta ya que realmente cada uno usa, por suerte, lo que tiene ganas. Algunas mujeres de largo, algunos hombres de zapatillas, y hasta creo haber visto alguien vestido con disfraz, aunque tal vez solo fue mi mala apreciación y el que estaba todo de blanco no intentaba realmente ser Alan Faena.
Del show siempre se espera más, cuando aparece te quejás como loco y al final te das cuenta que estás bailando al ritmo de un playback del Susano mientras él invita a los hombres amover el culito en el escenario.
Algunas empresas ofrecen a sus empleados un Día de Campo y se refugian en alguna quinta u hotel alejado donde todos comen desaforadamente y se arrepienten a la hora de tener que entrar a la pileta. Desde mi más humilde espacio REPUDIO el uso de trajes de baño frente a compañeros de trabajo.
Las pequeñas empresas o emprendedores, simplifican el evento en una cena, un brindis en algún bar cool de la zona o dejando sobre el escritorio 2 botellones de sidra y unos sándwich de miga que van acartonándose a medida que se acerca la hora de los discursos.
Las mega empresas, las corporaciones, las globalizadas, tienen la obligación de destacarse por sus fastuosas fiestas de fin de año, con show, sorteos y regalo incluidos.
La preparación de la mágica aventura de trasnoche lleva casi un año pero por supuesto esa noche el esfuerzo no se nota porque los protagonistas son los cientos de empleados que se desbordan de sentimientos encontrados que van desde las quejas por la poca cantidad de alcohol hasta la emoción por encontrar tantos chimentos juntos.Las invitaciones ya no deberían decir el código de vestimenta ya que realmente cada uno usa, por suerte, lo que tiene ganas. Algunas mujeres de largo, algunos hombres de zapatillas, y hasta creo haber visto alguien vestido con disfraz, aunque tal vez solo fue mi mala apreciación y el que estaba todo de blanco no intentaba realmente ser Alan Faena.
Del show siempre se espera más, cuando aparece te quejás como loco y al final te das cuenta que estás bailando al ritmo de un playback del Susano mientras él invita a los hombres amover el culito en el escenario.
Sin dejarme tomar por los temas clásicos de quién se fue con quién o los borrachos lanceros y las gatas trasnochadas, sí prefiero destacar la valiosa labor de una persona que en forma absolutamente desinteresada y autodesignada veló por nuestra seguridad y bienestar durante toda la noche, encargándose de apagar las velas que creía podrían ocasionar incendios o vigilando a aquellos "intoxicados" que pudieran ocasionar disturbios, tal como lo dijo en la charla que le dio a sus empleados la tarde anterior "la fiesta no está para ver papelones de los empleados". Evidentemente esta persona ve algo que yo no encontré porque son esos papelones los que hicieron de "el día después" el show de chimentos que finalmente fue y que tan bien nos hizo.
Sin más y sin menos, el éxito fue rotundo: empleados tirando a sus jefes por los aires, empleadas con más producción que entusiasmo, mucha comida, poca bebida y muchísima exageración al momento de hacer correr la voz.
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